ESTUDIOTECAS VS BIBLIANTES

Por: Carlos Lapeña

Cada año, en septiembre, coincidiendo con el inicio del nuevo curso escolar y los exámenes de recuperación de las asignaturas pendientes, es frecuente ver cómo grupos de militantes de un -cualquier- partido político se apostan en la entrada de las bibliotecas públicas (en adelante BP) y reparten panfletos entre quienes acuden a esos centros o sólo pasan por allí. En los panfletos recuerdan el tiempo que llevan solicitando lo que solicitan y desarrollan los motivos de su solicitud. Ésta viene a incidir generalmente sobre dos asuntos: ampliación del horario de apertura ordinario y ampliación de la jornada de apertura a los fines de semana en época de exámenes (los más “comprometidos” reclaman las 24 horas de apertura), para que los estudiantes puedan hacer eso, estudiar, en esas instalaciones.

La primera propuesta puede tener sentido y resultar coherente, ya que toda ampliación de un servicio municipal es deseable si con ella cubre demandas existentes, o pretende adelantarse a posibles demandas, o, mucho mejor aún, adopta una iniciativa que responde a una política cultural de carácter social realmente comprometida. La segunda propuesta, en cambio, es absurda, tan absurda como recurrente, tan recurrente como antigua, tan antigua como los argumentos esgrimidos, anclados en la afortunadamente lejana época en la cual las bibliotecas eran depósitos de libros y sus salas de lectura sepulcros de silencio abisal. Y como ya habrá gestos de protesta entre algunos lectores, paso a explicarme más rigurosamente.

¿Por qué se piensa en la BP como lugar idóneo para que los estudiantes estudien mañana, tarde y noche, de lunes a domingo? ¿Porque es el lugar donde lo hacen diariamente y esa regularidad los ayuda a concentrarse?, ¿porque está cerca de casa?, ¿porque no tienen otro sitio?, ¿porque allí se reúnen con los compañeros y el estudio es más llevadero?, ¿porque es para lo que debe servir una BP sobre todas las cosas? Quién sabe. El caso es que esta segunda demanda suele ser atendida favorablemente por parte de la institución pertinente, con dos variantes: bien abre la BP sólo como sala de estudio, bien abre la BP ofreciendo el servicio completo. El primer caso es más económico (basta un vigilante), pero equivale a matar moscas a cañonazos, puesto que se aloja a los estudiantes en un espacio con miles de documentos y cientos de posibilidades que no se van a utilizar. El segundo caso es más caro (será necesario más personal, conserjes, auxiliares, ayudantes…), pero a la vez más coherente, puesto que no se favorece a un colectivo sólo, sino que el servicio se ofrece a toda persona que quiera utilizarlo, estudie o no; sin embargo, es una auténtica contradicción, por no decir una aberración cultural, ya que el detonante para ofrecer ese nuevo servicio (ni siquiera demandado, puesto que los estudiantes no solicitan el servicio completo, sino un “simple” espacio donde estudiar) nada tiene que ver con las finalidades más elementales de una BP, como puede leerse en las Directrices IFLA/UNESCO para el desarrollo del servicio de bibliotecas públicas, de 2001.

Una biblioteca pública es una organización establecida, respaldada y financiada por la comunidad, ya sea por conducto de una autoridad u órgano local, regional o nacional, o mediante cualquier otra forma de organización colectiva. Brinda acceso al conocimiento, la información y las obras de la imaginación gracias a toda una serie de recursos y servicios y está a disposición de todos los miembros de la comunidad por igual, sean cuales fueren su raza, nacionalidad, edad, sexo, religión, idioma, discapacidad, condición económica y laboral y nivel de instrucción. (Capítulo 1, párrafo 2).

Y más adelante:

Los principales objetivos de la biblioteca pública son facilitar recursos informativos y prestar servicios mediante diversos medios con el fin de cubrir las necesidades de personas y grupos en materia de instrucción, información y perfeccionamiento personal comprendidas actividades intelectuales de entretenimiento y ocio. Desempeñan un importante papel en el progreso y el mantenimiento de una sociedad democrática al ofrecer a cada persona acceso a toda una serie de conocimientos, ideas y opiniones. (Capítulo 1, párrafo 3).

Aun teniendo en cuenta que las Directrices… marcan unos mínimos elementales para que sean atendidas en la mayor parte de las BP del mundo, son un ejemplo bastante claro de la dirección que los especialistas consideran más adecuada para ellas.
Ahora bien, aplicando las Directrices IFLA/UNESCO… a nuestra sociedad, es obvio que hay objetivos y servicios que ya no competen a nuestras BP, ya sea porque se han superado las carencias formativas y culturales de la población, ya sea porque hay otros centros donde atenderlas. De hecho, en la reciente Ley de la lectura, del libro y de las bibliotecas (Ley 10/2007, de 22 de junio), se consideran servicios básicos de toda biblioteca pública:

a. ) Consulta en sala de las publicaciones que integren su fondo.
b. ) Préstamo individual y colectivo.
c. ) Información y orientación para el uso de la biblioteca y la satisfacción de las necesidades informativas de los ciudadanos.
d. ) Acceso a la información digital a través de Internet o las redes análogas que se pueden desarrollar, así como la formación para su mejor manejo.

(Artículo 13, apartado 4)

Son servicios bastante menos trascendentes que los expuestos más arriba, desde luego, y parecen acordes con la situación de un país desarrollado. Entonces, una vez alcanzados aquellos mínimos, a lo mejor habría que plantearse seguir por otros derroteros distintos a los actuales. Quizá se haya quedado obsoleta la actual organización de las BP en este país y sea necesario cambiarla por otra más eficiente o más atractiva: Por ejemplo, se podría concebir la BP como edificio para el estudio y el préstamo exclusivamente; más mesas para estudiar y más ordenadores y menos estanterías de acceso directo, porque, total, para prestar documentos quizá sea más rápida y eficaz la antigua solicitud a depósito que la búsqueda en sala, así habría más sitio para estudiantes, se optimizaría el espacio. O al contrario, podría cambiarse el mobiliario y la distribución de las salas de lectura para dar cabida a sofás y sillones y mesillas con lámparas y reposapiés, para invitar a leer en ellas (como la exquisita Biblioteca Conmemorativa Kômura, que tanto emociona al joven Kafka Tamura -el protagonista de la novela Kafka en la orilla, de Haruki Murakami-, con sus ventanas abiertas al jardín, los cómodos sillones, el piano de pared, los cuadros, las alfombras, la lámpara de pie… Una biblioteca “muy amplia, confortable y cálida”), por no hablar de la obligatoriedad de una cafetería, a la que se pudiese acceder con los libros, con que toda biblioteca de nueva planta debería contar.

Es posible que haya que replantearse las funciones de la BP, por qué no; sin embargo, resultaría chocante hablar de nuevos planteamientos cuando todavía perduran carencias y problemas fundamentales, que afectan tanto a los fondos, como a las infraestructuras y al personal.

Pero lo que me resulta más insólito aún es que sean los partidos de izquierda –pienso en IU, que es el último que ha aparecido por la biblioteca de Parla, donde trabajo, para repartir panfletos demandando ampliación de horario y apertura para estudiantes- los que más insistan en el asunto que nos ocupa. Con la cantidad de razones que podrían esgrimir para justificar la ampliación de horarios, todas mucho más sociales, comprometidas y razonables que las utilizadas. Por dios, cómo es posible que su punto de partida sean los estudiantes y sus exámenes, cuando hay niños que están solos desde que salen del colegio, porque sus padres trabajan hasta bien entrada la tarde, y estudiantes de diferente procedencia necesitados de refuerzos de lectoescritura, y jóvenes a los que ofrecer recursos interesantes para ocupar su tiempo de ocio, y asociaciones de vecinos a las que implicar y a las que ofrecer actividades, y madres y padres que quieren aclarar el camino hacia los libros más adecuados para leer a sus hijos…, en definitiva, cuando podrían hallarse múltiples razones infinitamente más convincentes para ampliar la oferta sociocultural de los servicios públicos.

Su acción, tan solidaria ella, es expresión de un desconocimiento tan completo como indignante. Es una prueba veraz de que desconocen por completo los fondos bibliotecarios habituales en una BP, desconocen los servicios básicos que presta una BP, desconocen los problemas de funcionamiento de la mayor parte de las BP… Pero nada de esto los impulsa a acercarse a la BP para enterarse de primera mano, no, les basta que un colectivo más o menos protestón y corporativista demande un servicio para apuntarse a la causa; aunque se trate de un servicio que se resuelve con una sala con mesas, sillas, luz y climatización, bueno, y zona de descanso para charlar y fumar, que no se fundan las neuronas con el esfuerzo.

No importa que una BP no tenga libros de texto ni manuales, no importa que no utilicen ninguno de los servicios bibliotecarios, excepto los sanitarios, claro. No se piensa en que de todos los colectivos a los que una BP podría dar preferencia, más servicios, mejores prestaciones, el de los estudiantes universitarios es el último, seguramente, porque las necesidades informativas y documentales que necesitan no las cubre la BP, puesto que ya existen otros espacios donde se contemplan, o deberían contemplarse… Tampoco iremos a desviar hacia las BP las carencias de las bibliotecas universitarias o especializadas, ¿verdad? Y si es así, que las universidades y las comunidades autónomas y los ministerios doten a los ayuntamientos de edificios y fondos y medios necesarios para hacer la vida de los estudiantes más fácil.

Y con todo esto, no digo que no deban disponerse espacios para estudiar, en absoluto, simplemente defiendo la idea de que esos espacios no tienen por qué ser bibliotecarios públicos, porque lo que los estudiantes necesitan son aulas, simples aulas, o las ya mencionadas bibliotecas especializadas, como las que tienen en sus facultades, esas a las que sí deberían presionar para que cubran sus necesidades plenamente (por cierto que lo de reclamar un espacio para estudiar por las noches no lo veo claro en ningún caso; ¿tantas son las casas en las que no se puede estudiar por la noche, precisamente por la noche? No me lo creo. Me decanto más por el alterne camuflado de estudio que por el estudio en grupo).

El caso es que ningún partido político parece capaz de negarse a esas demandas, pero ningún partido político parece capaz de plantearse en serio mejorar dignamente el servicio bibliotecario con personal cualificado, instalaciones funcionales y modernas, servicios interesantes, espacios dinamizadores... Podría poner algún ejemplo bastante sangrante de BP cuyo salón de actos se ha convertido en centro de acceso a Internet, viéndose privada con ello del único espacio disponible para encuentros, conferencias o talleres (“imaginación al poder” responde el concejal ante la protesta de la bibliotecaria); podría hablar de BP que funcionan sin un solo auxiliar no ya bibliotecario, sino administrativo (“total para poner un sello y entregar una tarjetita”, argumenta la concejal ante la protesta del bibliotecario); de BP nuevecitas con estanterías de 265 cm de altura (cuando la altura máxima recomendable es de 180), mostradores de obra (¡a estas alturas!), sin ascensor y sin un mínimo depósito (“como el proyecto está aprobado así…” se justifica el arquitecto ante el asombro de la bibliotecaria); y nada de esto parece ser prioritario para el político de turno. ¿Será porque, para estas cuestiones, nadie reparte panfletos por ahí, ni se manifiesta, ni da la matraca? Habrá que estudiarlo… pero no en una biblioteca pública.

Por qué no podemos estudiar en casa

Vaya, veo que aquí también se reparten de lo lindo. En fin, sólo quería aclarar el por qué algunos de nosotros, tristes estudiantes universitarios, necesitamos de las bibliotecas para ejercer de tales estudiantes que se preparan los exámenes con una o dos semanas de antelación. Lo normal es no estudiar, o estudiar poco, pero cuando quedan unos días para la fecha señalada en rojo en el calendario (por ejemplo, examen de Principios y Métodos de Literatura Comparada II, día 12-2-2008) nos tiramos a la carretera (a las bibliotecas, se entiende) para hacer piña, para estudiar, fumar en los pasillos y a tomar cafés. Uno estudiante como dios manda, no puede, ni debe, estudiar en casa. Y menos aún por la noche!! Un estudiante, necesita del grupo, del colectivo, necesita levantar la cabeza en su agonía y comprobar que no está solo, que hay trescientos desgraciados como él estudiando de cualquier manera, con apuntes, sin apuntes, con fotocopias, con libracos enormes como mesitas de noche, subrayando en verde, rosa y amarillo, con el iPod a todo tren o con el móvil vibrando todo el rato. Da igual. No podemos estudiar en casa porque en casa nos vence la desidia, miramos hacia la cama y nos dan ganas de echarnos, nos levantamos, vamos a la nevera, miramos por la ventana, encendemos un momento el ordenador para consultar el correo, te levantas, pones la tele, la quitas, te sientas, y así durante una tarde y otra y otra, y por la noche igual, si no peor. No importa el ruido, de lo que uno huye cuando estudia en una biblioteca es del hogar en sí, un hogar está lleno de trampas mortales, de ceros enormes, de suspensos por los pelos, da igual. Uno necesita no sentirse solo, ir al día del juicio en manada, el estudio debe ser un momento más en la vida alegre y joven del estudiante, un café, unas risas en el pasillo y vamos a estudiar otra hora. Así sí podemos aprobar. No estamos solos y necesitamos saberlo. Aunque eso sí, la biblioteca de Parla es un coñazo para estudiar, techos demasiado altos, luz demasiado fría, mesas poco acogedoras. Es como estudiar en un matadero. Prefiero que mepongan un no presentado en el examen a estudiar 30 minutos en un sitio así. La biblioteca de Geografía e Historia de a Complu, ahí sí que se estudia bien. Sólo saco notables y sobresalientes.

Un saludo Carlos Lapeña

Estudiante, veo que tu

Estudiante, veo que tu relación con el estudio es más literaria que profesional. Desde ese punto de vista, tienes razón; sin embargo, la soledad, el tedio, la tentación de la casa, son para el estudiante parte del contrato, son un tema más a estudiar.
En cualquier caso, ¿no os daría igual un aula que una biblioteca? Seguro que sí.
Y sobre la biblioteca de Parla, qué quieres que te diga, trabajo allí, la conozco bien, y no invita ni a estudiar ni a leer... La primera planta es triste (entre otras cosas), desde luego.
Gracias por tu comentario, quien quiera que seas.

Quiero felicitar al autor de

Quiero felicitar al autor de este artículo porque a mi entender tiene toda la razón. Los políticos se mueven por lo que ellos creen que les da más resultados electorales, no por mejorar las cosas en sí. Y esto pasa con las bibliotecas, como dice el autor, o con una gran cantidad de otras cosas. Los políticos responden solo a la cantidad nunca a la cualidad, es decir, si hay un grupo que presiona para lo que sea y se mueve lo suficiente y hace ruido y los medios de comunicación se hacen eco de sus demandas, pronto aparecerán los políticos dispuestos a conceder esa petición, aunque no sea una necesidad y se desvíen fondos que otras necesidades reales demandan con urgencia, pero tienen escaso eco en la opinión pública.
Lo dicho, me identifico con lo que dice el autor en este artículo.

Ligotecas vs politicantes

Completamente de acuerdo con tus opiniones, Carlos. Describes perfectamente el modus operandi de los políticos y las contradicciones de un modelo que no se ajusta para nada a las necesidades reales. Recuerdo muy bien mi ya lejana época de universitario, cuando acudir a la biblioteca era una simple excusa para estar un poco más cerca de la chica que me gustaba y en lo último que pensaba era en estudiar. Una de las bibliotecas que mejor conozco, la central de Girona, hace ya tiempo que redujo casi a la nada las mesas y las sillas, porque era evidente que más que en un espacio de estudio se estaba convirtiendo en un lugar de encuentro. Pero igual que la literatura tiene enemigos terribles (la principal, quizá, la forma en que se enseña en las escuelas), me temo que las bibliotecas, es decir, los bibliotecarios, también os enfrentáis a una lógica establecida que en ningún caso se rige por el conocimiento o el sentido común.

¿Y la BP de Pinto?

Muy bonito, pero qué hizo usted durante el tiempo que dedicó el cargo nada mal remunerado de asesor de Cultura (48.000 euros/año) para el gobierno PP-JpP por la biblioteca de PInto? Me gustaría saberlo.

Nada

Nada, no hice absolutamente nada, señor Gozzoli, ni por la biblioteca ni por ninguna otra competencia. Y no me lo explico, porque seis meses en una concejalía con tan poca actividad como la de cultura son una eternidad y da tiempo de sobra no ya para conocer situaciones y apuntar actuaciones, sino para solucionar cualquier tipo de problema por grave y enquistado que esté.

Bueno, pues 24 euros en seis

Bueno, pues 24 euros en seis meses por hacer "nada" no están mal. Podría usted haber intentado hacer algo, por ejemplo, intentar habilitar una sala de estudio decente y no lo que hay en la buhardilla del Infanta Cristina.
SI su tono era irónico (porque no se capta, la verdad, más bien despista), ¿qué hizo? ¿Cree que la cultura en PInto ha mejorado tras su paso? POdría escribir sobre eso, sobre la cultura del éxito que promueve el Partido Popular, con el que usted trabajó. ¿Por qué abandonó su cargo, se aburría?

Evidentemente son 24 mil. En

Evidentemente son 24 mil. En seis mesecitos que habrán sido como unas vacaciones antes de reincorporarse. Hizo usted lo mismo que su amigo Esparcia (cuando fue concejal de Cultura solo seis meses). Grandes ideas pero a la hora de la verdad manifiestan una evidente pusilanimidad y regresan a "sus cosas", eso si, luego sueltan bellos discursos sobre lo humano y lo divino...

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