La recién llegada
Por: José Luis Gutiérrez*
19 noviembre 2008 - 15:42  El año pasado observé que Sweta entornaba los ojos para fijar su mirada cuando leÃa o veÃa la televisión. Se lo dije a las monjas, pero también se lo comenté a mis amigos Pilar y Jesús, los padres de Kinnari, la hermana biológica de Sweta. Antes de venir a la India, me pidieron que me ocupara personalmente de llevar a Sweta a hacerle una revisión oftalmológica, pues todo indicaba que podrÃa necesitar gafas. Kinnari hace años que las utiliza. Me dijeron que ellos pagarÃan los gastos de la consulta, y de las gafas, en caso de que fueran necesarias.
 Mis amigos siguen pensando en Sweta como un miembro más de su familia, a pesar de que no la conocen, y de que saben que por su edad ya resultará imposible adoptarla. El hecho de que sea la hermana biológica de su hija Kinnari, adoptada en Matruchhaya hace nueve años, para ellos es suficiente motivación para tratar de acogerla en su familia. Tendrán que esperar a que Sweta tenga dieciocho años (ahora tiene trece), y ofrecerle entonces la posibilidad de vivir con ellos en España.
 Cuando hace dÃas le expliqué a Sweta mi intención de hacer que le revisasen la vista, se apresuró a decirme que ella veÃa bien, que no necesitaba gafas. Pero sus amigas Sanguita y Doxa, que nos escuchaban, rápidamente dijeron que efectivamente forzaba la vista para leer o para ver la televisión. Sweta se enfadó con ellas, aunque le duró muy poco el enojo.
 Ayer por la tarde, cuando estábamos recogiendo, porque ya oscurecÃa, Bijey, el responsable de los niños, me dijo que Sweta estaba preparada para acudir a la consulta del oftalmólogo. Montamos los tres en un rikshaw que nos llevó hacia el centro de Nadiad. Observé de reojo a Sweta, que viajaba a mi lado, y me pareció que estaba más asustada que enfadada. Subimos por unas escaleras estrechas a la primera planta de un edificio viejo, y nos hicieron esperar en una antesala. El lugar no me inspiró mucha confianza, pero cuando pasamos al cuarto del especialista, mi opinión cambió. Todo estaba limpio y ordenado, y tenÃa similares aparatos modernos que en cualquier consulta oftalmológica de España.
El doctor nos recibió muy amablemente. Preguntó algo a Sweta en gujarati, y ella respondió en voz tan baja que el médico tuvo que repetir la pregunta. Sweta siguió dando respuestas cortas y casi inaudibles. Le colocó la cabeza frente a una máquina, y observó con detenimiento ambos ojos. Luego le mostró letras del alfabeto gujarati, al principio muy grandes, luego progresivamente más pequeñas, y la niña fue diciendo la letra que correspondÃa. Finalizada la exploración, el médico afirmó que Sweta necesitaba tomar durante un mes unas vitaminas que recetó, y que sin duda, debÃa de utilizar gafas. Yo le pregunté si únicamente para leer, y él me respondió que ahora Sweta, sin gafas, tenÃa un veinte por ciento de visión, con gafas un cien por cien; luego deberÃa quitarse las gafas únicamente para dormir. En un papel anotó las dioptrÃas, para el óptico: cuatro y media en cada ojo.
 Fuimos a la farmacia a comprar las vitaminas, y desde allà fuimos a una óptica para que la niña pudiera probarse varios modelos y elegir. Escogió uno sencillo. Al salir de la óptica le dije que sentÃa que tuviese que utilizar gafas. Ella me dijo que no me preocupase, y sonrió.
 Llegamos a Matruchhaya ya de noche, y al poco, sentimos alboroto en la puerta de entrada al orfanato. Bijey salió corriendo, y el guarda le entregó con mucho cuidado un pequeño bulto envuelto en tela blanca. Cuando pasó a nuestro lado, comprobamos que era un bebé recién nacido. Bijey tenÃa cara de preocupación, y pasó para adentro aprisa con el bebé en brazos, sin detenerse a mostrárnoslo, como hubiéramos deseado. Después nos explicó, que era una niña recién nacida. El motivo de su preocupación era que la niña habÃa estado a punto de asfixiarse, pues la madre la dejó apresuradamente en el camino que pasa por delante de Matruchhaya, junto a la puerta exterior de acceso, y salió corriendo, para no ser identificada, en dirección al poblado de chavolas que hay junto al hospicio. Con los nervios y las prisas, no debió de darse cuenta de que el bebé quedó bocabajo, con su cara en contacto directo con la tierra del camino. TenÃa la nariz y la boca cubierta de tierra y de polvo, de ahà la preocupación de Bijey.
Hemos visto a la niña esta mañana. También ha estado la policÃa para tomar nota del abandono. Las monjas calculan que tendrá siete dÃas, y aparentemente está bien, aunque ya la han llevado al hospital para hacerle un chequeo completo. Pronto ocupará una cuna, en la habitación de los recién nacidos, y seguro que le espera un futuro prometedor, porque siendo tan pequeña, y sana, será muy fácil encontrar alguna pareja que quiera adoptarla.
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 Nadiad, 5 de noviembre de 2007
* José Luis Gutiérrez y alumnos suyos de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid lleva realizando desde 2004 campañas de ayuda a niños y niñas de orfanatos de India y Nepal. El Ayuntamiento de Pinto ha colaborado económicamente en alguna de estas campañas. Por su maravillosa obra, José Luis Guitérrez ha recibido, con el aplauso unánime de la redacción de ZIGZAG y del Jurado, el Premio Zigzag a la Labor Social 2007.
Adjuntamos las fotografÃas que nos ha enviado el profesor Gutiérrez desde Matrucchaya.
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