Los antibolonios, otro frente para ZP y el miedo a la homologación

Por: Antonio Jiménez

El que los árboles de la crisis económica y financiera concentren casi todo el interés y atención informativa y no nos dejen ver el bosque de lo que se cuece en otros ámbitos de inquietud y preocupación ciudadana no debiera justificar el desdén con el que aparentemente ignoramos desde los medios informativos en general la protesta estudiantil contra el llamado proceso de Bolonia.

Recientemente asistí a un congreso de economía organizado sobre la deficiente relación actual entre la empresa y la universidad ante los retos de una economía global y en calidad de moderador hice referencia al último informe elaborado por el Lisbon Council, centro de estudios sobre asuntos europeos residenciado en Bruselas, cuyas conclusiones y valoraciones comparativas de la universidad española respecto a la de otros países no puede ser mas negativo. El estudio de Lisboa sitúa a la universidad española a la cola de las universidades de los 17 países más ricos de Europa, junto a Estados Unidos y Australia. Suspende a nuestros centros universitarios en la calidad de los conocimientos y en la falta de coordinación existente entre el mundo académico y la empresa. La universidad española, según el citado informe, está muy por detrás de las de Australia, Reino Unido y Dinamarca y todavía lejos, incluso, de otras como la cercana Portugal o Francia, respecto a la generación de titulados con capacidad de adaptación a las necesidades del mercado de trabajo. Ni la preparación de nuestros universitarios por lo que han estudiado se ajusta a lo que demandan las empresas para contratarles de forma inmediata, ni una vez empleados, refiere el Lisbon Council, tienen una remuneración salarial igual o proporcional a la que perciben otros universitarios europeos en circunstancias similares.

Consecuentemente nuestra universidad incumple los compromisos de Bolonia y dista mucho de acreditar la homologación de sus títulos a escala europea en 2010. La conclusión del informe subraya la ausencia de una visión realista sobre el desafío que debe afrontar España y su universidad en un mundo crecientemente globalizado y muy competitivo donde la investigación y la innovación se manifiestan como los motores imprescindibles de la economía.

El informe debería haberse asumido como un aldabonazo preciso en las conciencias autocomplacientes de buena parte de ese mundo académico endogámico y corporativista. Sin embargo, lejos de asumirlo como un revulsivo necesario para avanzar en la dirección que nos lleva a Bolonia, se ha rechazado por exagerado y catastrofista. No debiera sorprender, por tanto, que los miles de estudiantes que se manifiestan estos días en España en contra del Proceso de Bolonia ignoren los déficit que están lastrando desde las aulas sus posibilidades laborales y de crecimiento profesional y económico desde el momento en que se enfrenten a esa realidad con el título bajo el brazo.

Flaco favor les hacen los profesores que animan sus protestas al rechazar el proceso porque en el fondo temen a la convergencia y ven amenazado su acomodado estatus docente en el marco de una universidad más competitiva y dinámica. Los eslóganes gratuitos y equivocados exhibidos por los agitadores de las protestas y que relacionan Bolonia con la privatización de la universidad o con el laicismo no son mas que excusas de malos universitarios empeñados en la agitación y confusión de una comunidad de titulados que, en cambio, no parece preocuparse por reclamar la formación de calidad que prevé el proceso de adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior, con el fin de hacerla más competitiva fuera y dentro de España en el momento de afrontar el mundo laboral.

Los antibolonios no tienen futuro.

Blog de Antonio Giménez:

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