Soni, Roni y Jeni
Por: José Luis Gutiérrez*
18 noviembre 2008 - 13:11Soni, Roni y Jeni son tres hermanos que viven en Matruchhaya desde que murió su madre, hace nueve años. El padre hace unos meses que ha muerto, luego ahora son totalmente huérfanos, pero son muy mayores para poder ser dados en adopción. Soni, el más pequeño, tiene once años, Roni doce, y la mayor, Jeni, tiene ya quince, aunque ninguno de ellos aparenta esa edad. Parecen menores.
El padre se vio obligado a dejarles en el hospicio, porque no podÃa atenderles. Ya entonces el hombre estaba enfermo, y tras la muerte de su mujer, tuvo que ser asistido por su madre, la abuela de los niños. La señora querÃa atender al hijo y a los nietos al tiempo, pero resultaba imposible, la mayorÃa de los dÃas ni siquiera conseguÃa algo que darles de comer. Aceptó que se llevaran a sus nietos al orfanato, y se quedó sólo al cuidado del hijo. Â
El año pasado conocà a esa brava mujer. Vino a Matruchhaya con la intención de llevarse a los nietos a su aldea, para pasar con ellos el Diwali. La directora de Matruchhaya le rogó que no se los llevara. Le explicó que un grupo de universitarios españoles habÃamos venido para trabajar con los niños, y le dijo que Jeni, Roni y Soni estaban disfrutando y aprendiendo mucho. En ese momento fue cuando la directora me llamó, y me presentó a la abuela. Era una mujer muy pequeña y delgada. TenÃa la piel muy morena y arrugada. Si estuviéramos en España hubiera calculado que tendrÃa más de ochenta años, pero aquà me resulta difÃcil hacer ese tipo de estimaciones. Por medio de la monja, le dije que tenÃa tres nietos encantadores, a lo que ella asintió, dando a entender que ya lo sabÃa, y les pasó la mano por la cabeza uno a uno, en un gesto de enorme ternura. Finalmente consintió que los niños se quedaran en Matruchhaya, y regresó a casa sola; pero antes, cada uno de los tres nietos se agachó hasta tocar con las manos los pies descalzos de la abuela, y después se llevaron la mano a la frente, un gesto de respeto, reservado en la India para gente venerable.
Me dio pena que la abuela se marchara sola, aunque creo que se fue contenta por haber visto a sus nietos, y haber comprobado que estaban bien. Tras su ida, la directora de Matruchhaya me explicó que, aunque no estuviéramos nosotros, hubiera tratado de convencer a la mujer de que no se llevara a sus nietos, porque alguna vez que se los llevó por unos dÃas, los niños volvieron hambrientos y llenos de piojos.
Cuando finalizaron las vacaciones del Diwali, poco antes de nuestro regreso, acompañamos a su centro a los pocos niños y niñas de Matruchhaya que estaban escolarizados en internados fuera de Nadiad. Roni y Soni pertenecÃan al internado de Amod, un lugar que yo conocÃa bien, porque en él estuvieron internadas durante muchos años mis hijas Roshnà y Chandrika. Según nos acercamos al internado, Roni y Soni empezaron a llorar, y ya no pararon de hacerlo hasta que nos despedimos de ellos, después de haber visitado el internado, solo que en el momento del adiós, intensificaron el llanto. Ello pese a que no son niños que lloren con facilidad. La situación me resultaba familiar, porque también Roshnà y Chandrika se quedaron llorando las dos veces que finalizamos nuestra visita llevándolas de vuelta al internado. Es natural. En ese momento finalizaban sus vacaciones, y se despedÃan de nosotros. Pero además, el internado de Amod es uno de los lugares más pobres y austeros que he conocido. Nada habÃa cambado en diez años. Una habitación grande, absolutamente vacÃa, sin camas, mesas ni sillas, servÃa de dormitorio, comedor y aula a un tiempo. Allà los niños duermen en el suelo, sobre una especie de mantas que durante el dÃa guardan enrolladas. Las clases las reciben en el suelo, sin sillas ni pupitres, y en la época de mis hijas, en lugar de cuaderno y lápiz, utilizaban una pizarrita sobre la que escribÃan con una especie de tiza fina y dura. Por supuesto, también comÃan sobre ese mismo suelo. Una auténtica sala multiusos. Por eso digo que me parecÃa razonable que los niños llorasen al regresar allÃ, después de haber pasado unos dÃas de vacaciones en Matruchhaya, que comparado con aquello es un hotel de lujo.
En esta ocasión Roni ha estado sólo un par de dÃas con nosotros, pues al tercero, le aparecieron unas llagas en las manos y los pies, y la directora de Matruchhaya, asesorada por un médico, rápidamente decidió apartarlo del resto de los menores para evitar contagios. Habló con un pariente de los niños que vive cerca de Nadiad, y logró convencerle para que se lo llevara hasta que la medicación hiciese su efecto, y pasase el riesgo de contagio. La directora me comentó que estaba muy descontenta con el internado de Amod, y que por ello estaba sacando de él, y también de los demás internados, a todos los niños y niñas de Matruchhaya. De hecho, ya sólo quedan Roni y Soni en Amod, y Sima en otro internado, y su intención es escolarizarles en Nadiad el próximo curso, y que vivan en Matruchhaya. El problema de Roni al parecer no era nuevo. Me dijo que se debÃa a falta de higiene en el internado. –Allà no tienen agua caliente, y yo creo que los niños se lavan muy poco en invierno –afirmó la monja.
Echamos de menos a Roni, espero que regrese a Matruchhaya antes de que finalicen las vacaciones, y todavÃa tengamos tiempo para disfrutar de su compañÃa durante unos dÃas.
Nadiad, 4 de noviembre de 2008
* José Luis Gutiérrez y alumnos suyos de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid lleva realizando desde 2004 campañas de ayuda a niños y niñas de orfanatos de India y Nepal. El Ayuntamiento de Pinto ha colaborado económicamente en alguna de estas campañas. Por su maravillosa obra, José Luis Guitérrez ha recibido, con el aplauso unánime de la redacción de ZIGZAG y del Jurado, el Premio Zigzag a la Labor Social 2007.
Adjuntamos las fotografÃas que nos ha enviado el profesor Gutiérrez de Soni, Roni y Jeni y otros niños del orfanato de Matrucchaya.
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| Soni, Roni y Jeni.ppt | 826 KB |




