21 de septiembre, Día Mundial del Alzheimer

No perdamos la memoria

En la Unión Europea residen más de cinco millones de personas enfermas de Alzheimer. Según la Fundación Alzheimer, en 2008 las personas con demencia en España suman 583.208 personas, siendo el segundo país europeo después del Reino Unido. Según la Fundación Caja Madrid, más de 80.000 personas están afectadas por algún tipo de demencia en la Comunidad de Madrid, aunque los profesionales sanitarios expertos estiman que estos datos están a la baja.

 

 

JUAN SANTIAGO MARTÍN DUARTE* 

Con la edad el cerebro también envejece, no tenemos la misma agilidad y rapidez de pensamiento que antes aunque seguimos siendo autónomos, somos capaces de cuidarnos por nosotros mismos, de controlar nuestras vivencias y experiencias y de aprender cada día algo nuevo.

Sin embargo, la persona con demencia no es la misma, los cambios que se producen en sus neuronas cerebrales son mucho más agresivos que en el cerebro normal, por ese motivo no es capaz de decidir y resolver, se confunde y desconcierta, su lenguaje se hace más lento y menos fluido por lo que le cuesta entender a los demás y hacerse entender, empieza a perder parte de los recuerdos y a escribir poco y mal, pierde la noción del tiempo y se olvida hasta de quién es, de donde está y del día, mes y año en que vive.

La característica que define mejor a la persona de edad avanzada sana y enferma es la conciencia de la realidad, el ser capaz de darse cuenta de los cambios y limitaciones que van apareciendo en su vida y ser capaz de adaptarse a esas nuevas situaciones.


¿Qué es una demencia?

Consiste en una situación que se sale de lo normal, y se caracteriza por una disminución global de las funciones cognitivas (deterioro del pensamiento, pérdida de memoria, dificultad para realizar las habilidades adquiridas y cambios del comportamiento) lo que va a influir e interferir en las actividades habituales de la persona afectada.

A partir de los 80 años, la enfermedad de Alzheimer es la demencia más frecuente, aunque también se da en personas de 65 o 75 años y existen casos en personas de cincuenta y menos años. Igualmente existen otros tipos diferentes de demencia como son: la frontotemporal, la demencia por cuerpos de Lewy, la demencia asociada a Parkinson o la demencia vascular con sus subtipos.

¿Qué es la enfermedad de Alzheimer?

Consiste en una demencia neurodegenerativa primaria, actualmente irreversible y progresiva, cuyas causas u origen es desconocido a día de hoy, motivo por lo que es una de las enfermedades más investigadas mundialmente ya que cada vez vivimos más años.

Su inicio es silencioso, imperceptible y discreto que de repente suele dar la cara de forma brutal afectando al enfermo y su familia. Por eso es tan importante su diagnóstico precoz ya que los fármacos actuales favorecen la autonomía de la persona afectada sobre todo en la fase inicial de la enfermedad. Podemos poner el ejemplo de una escalera que se va bajando poco a poco y la medicación sirve para que nos mantengamos durante un tiempo en el descansillo de la escalera para así poder descenderla más lentamente.


Etapas de la enfermedad

Podemos dividir el proceso de la enfermedad de Alzheimer en tres grandes etapas: una inicial con una sintomatología ligera o leve, una intermedia con síntomas de gravedad moderada y una avanzada o final.


¿Cómo se pueden detectar precozmente los síntomas?

Como en la canción de J.M. Serrat, “cada uno es cada cual”, lo que quiere decir que no hay dos enfermos iguales y cada uno es distinto, igual que somos distintos todas las personas, no todos los enfermos van a vivir de igual manera la misma enfermedad, ni sus familias ni los cuidadores.

Los primeros síntomas suelen pasar desapercibidos y cuando nos damos cuenta ya suelen tener dos o más años de evolución; a menudo los confundimos con trastornos relacionados con la edad, con depresión, con falta de iniciativa o aburrimiento. Los síntomas más comunes son las alteraciones de la conducta y el estado de ánimo: comportamiento pasivo, apático, irritable o desconfiado, pérdida de memoria reciente (no recuerda si ha comido o no y lo que ha tomado aunque lo haya realizado hace cinco minutos), dificultad de orientación (despistes y pérdidas en lugares habituales o donde hay mucha gente), problemas de lenguaje (no es capaz de mantener una conversación donde hay varias personas a la vez) y alteraciones a la hora de realizar actividades instrumentales como recortar, copiar dibujos, afeitarse, peinarse, o confundir el cepillo de los dientes con el peine, la puerta de la nevera con la de la cocina, o no saber hacer una paella cuando ha sido una ama de casa y excelente cocinera toda su vida...


¿Cómo hacer frente a la enfermedad?


Nuestras estrategias deben irse adaptando a las necesidades que aparezcan: “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

Después del diagnóstico adecuado (actualmente es casi del 95% de probabilidad aunque la certeza solo es posible tras la necropsia o autopsia cerebral después del fallecimiento), lo importante es disponer de toda la información posible sobre la enfermedad, y darnos cuenta de que “no ha fallado nada, que las cosas son como son y nos visitan en el momento más inoportuno y nos ha tocado a nosotros”.

Y una vez diagnosticado, ¿qué podemos hacer ahora?


En primer lugar mantener activa a la persona afectada procurando que siga realizando todo aquello que pueda hacer y que no entrañe peligro; démonos cuenta de que si le realizamos las cosas el o ella va a olvidarse muy pronto de cómo se hacen y se hará cada vez más dependiente.

La clave de nuestros cuidados está en procurar que siga realizando las actividades de forma repetitiva todos los días, de esta manera será más difícil que se le olviden.

Debemos ayudarle sólo cuando no pueda realizar la actividad, recordándole diariamente lo que ha de hacer con palabras fáciles de entender, mediante frases cortas y sencillas, hablándole despacio y dándole tiempo para entender y hacer las cosas.
Procuremos no discutir nunca con ella o él, ya que no tiene la culpa de hacer las cosas mal o de no saber hacerlas, la única culpable es la enfermedad que hace que se le olviden.

Una vez haya hecho la actividad, supervisémosla para comprobar que la ha hecho correctamente.
En la etapa inicial de la enfermedad necesitará que supervisemos lo que hace; en la etapa moderada, además de supervisarle en ocasiones necesitará que le sustituyamos para ayudarle, y en la etapa avanzada o final necesitará que le suplamos ya que sólo no se puede cuidar.

 

Cómo mejorar su memoria y evitarle la confusión


Uno de los síntomas más angustiantes tanto para las personas que padecen cualquier tipo de demencia (Alzheimer, Pick, vascular, etc.), como para sus cuidadores o familiares, consiste en la pérdida de los recuerdos.

Existen diversos recursos muy básicos que pueden ayudarnos en parte (sobre todo al inicio de la enfermedad ya que posteriormente conforme avance esta va a resultarle muy difícil) a conseguir mantener activa su memoria, entre ellos se encuentran los siguientes:

- Al comienzo de la patología la orientación espacial de la persona enferma no va a verse muy afectada, y aún será capaz de reconocer su casa sin mayores problemas, posteriormente conforme vaya avanzando la enfermedad va a necesitar de nuestra ayuda para acudir a lugares determinados, incluso de su entorno más cercano, ya que se podría perder fácilmente al no saber regresar.

- Si colocamos en su casa o en el lugar donde viva habitualmente fotos de sus familiares más cercanos (hijos, nietos, pareja, amigos, etc.), estará más orientado y su confusión será mucho menor.

- Utilizando una pizarra tipo Vileda (en la que podamos escribirle con rotulador y borrar fácilmente lo escrito) con letras grandes aquello que tiene que realizar durante el día, así tendrá una guía sobre todo al inicio de la enfermedad.

- Podemos identificar mediante carteles o etiquetas las diferentes habitaciones (cuarto de baño, salón, dormitorio, etc.) del domicilio, de esta manera se encontrará más orientado.

- Estimulando la lectura, así como la realización de puzzles con piezas grandes o rompecabezas y similares diariamente, observando por si en algún instante le vemos cansado o comprobamos que le es difícil realizar la actividad, si esto ocurre dejémosle descansar o reemplacemos la actividad por otra que le sea más placentera como (escuchar música de nuestro tiempo, ver fotos de su juventud, etc.).

- Todos los días es conveniente que le ayudemos a situarse en el tiempo, diciéndole el día que es, la estación del año en que estamos, si es por la mañana, por la tarde o por la noche, etc.

- Podemos colocarle grandes calendarios donde tiene que buscar y tachar el día en que se encuentra. Esto con posters de grandes relojes y actividades instrumentales básicas, le ayuda a mantenerse bastante bien orientado.

 

¿Actualmente hay tratamiento eficaz?

En la actualidad se desconocen las causas de la enfermedad por lo que el tratamiento es paliativo, posiblemente en unos años se descubra porqué aparece la enfermedad y de esa manera se podrán desarrollar nuevos fármacos que actúen sobre esas causas. A día de hoy los fármacos se usan en la etapa inicial y moderada para reducir los síntomas y mantener  las capacidades cognitivas de la persona afectada aunque el declive contínua. Medicamentos como el Dimebón o Rember se encuentran en estudio actualmente ya que parecen mejorar tanto la memoria como el flujo sanguíneo del cerebro por lo que los resultados parecen ser prometedores pero aún están en estudio.

¿Y la vacuna actual?


La inmunización contra la proteína amiloide causante de la enfermedad de Alzheimer puede mejorar la aparición de las placas amiloides en el cerebro causantes de la enfermedad, y aunque elimina placas no previene la progresiva neurodegeneración asociada al Alzheimer, por lo que no es eficaz.


Recomendaciones básicas

Lo primero, es la información sobre la enfermedad y la formación de los familiares y cuidadores de un enfermo para recibir educación y entrenamiento sobre cómo cuidarle, cómo actuar y cómo prevenir determinadas situaciones que pueden aparecer.
Lo segundo, mantener un estrecho contacto con el médico de cabecera y la enfermera de nuestro centro de salud, para cuidar, aliviar y consolar al enfermo y cuidador.

Lo tercero, es que la persona afectada por la enfermedad mantenga satisfechas siempre sus necesidades físicas (cuidados básicos como el aseo, vestido, alimentación, sueño, etc.), emocionales y espirituales, no aislándolo sino procurando que continúe en la medida de lo posible con sus relaciones sociales, que esté contento, que se sienta querido, cómodo y confortable. La base de los cuidados es que la persona sea autónoma y capaz de realizar las actividades básicas de la vida diaria el mayor tiempo posible, sin salirse de la rutina y proporcionándole ternura, palabras, caricias y besos hasta el último momento de su existencia.

Por último, saber que no tenemos que sentirnos solos con un problema sin solución y donde ya no hay nada que hacer, sino que debemos saber que existen asociaciones de familiares de enfermos de Alzheimer en pueblos cercanos al nuestro, que son instituciones sin ánimo de lucro, de gran experiencia y con un conocimiento perfecto de los problemas que afectan a los enfermos y a sus familias, y donde van a ayudarnos tanto a saber más sobre la enfermedad como a conocer que cuidados debemos proporcionarle y proporcionarnos a los cuidadores y familiares así como grupos de ayuda mutua que se reúnen cada cierto tiempo y donde se hablan de todos los problemas que encontramos en el cuidado diario.

 

*Juan Santiago Martín Duarte es enfermero y gerontólogo residente en Ciempozuelos. Trabaja como docente de Afal, de la Fundación Alzheimer y del personal sanitario del IMSERSO. En la actualidad está realizando el doctorado en enfermedades neurodegenerativas.

CUIDAR A UNA PERSONA CON DEMENCIA, UNA AUTÉNTICA ESCUELA DE LA VIDA

Cuando trabajamos con personas afectadas por una demencia nos damos cuenta de que nos movemos entre sentimientos y emociones, y entre los que más abundan están la incomprensión, la angustia, el dolor, el sufrimiento y tantos y tantos otros.

Nuestro medio ambiente de trabajo diario está enmarcado por la enfermedad, el dolor y en muchos casos la incomunicación, tanto con en enfermo como entre sus propios familiares.

Cuando una persona presenta una demencia, su familia también enferma ya que la enfermedad ataca a la mente de la persona afectada y al corazón de sus familiares más cercanos: pareja, hijos, etc. Ya que no solamente se enferma físicamente, sino también se mental, espiritual y emocionalmente.

Por este motivo nuestro trabajo como cuidadores no tiene que limitarse sólo al enfermo, sino también a su entorno más cercano ya que cuanto mejor se encuentre su familia y su entorno mejor se encontrará la persona afectada, independientemente del tipo de enfermedad neurodegenerativa que padezca.

Cuanto la familia más informada esté de dicha enfermedad, mejor comprenderá y participará de la misma así como de los cuidados que su familiar precise, por esta razón nuestro trabajo con la persona afectada tiene que ser tanto físico como mental y estimulatorio cognitivamente para devolverles tanto al enfermo como a sus allegados más cercanos (sobre todo en la primera etapa de la enfermedad) la esperanza, la fe, la firmeza, la seguridad, la autoestima y tantas y tantas cosas que se ven afectadas.

Posteriormente y conforme avance la misma vamos a tener que ir sustituyendo a la persona afectada en ocasiones, ayudándole a vestirse cuando ya no sea capaz de hacerlo, colaborando con él o ella para que continúe alimentándose al olvidarse de cómo tienen que utilizarse los cubiertos, o aseándole para que siga realizando adecuadamente su higiene y así en cada una de las necesidades básicas de la vida diaria: respiración, comer y beber, eliminación, movimiento, descanso y sueño, higiene y vestido, mantenimiento de su temperatura corporal, evitar los peligros, comunicación, valores, trabajo, recreo y aprendizaje.

Pero sobre todo lo que todas las personas de edad avanzada (estén enfermas o no) más necesitan es cariño infinito, amor, respeto, comprensión, escucha y comunicación. Y esos han de ser los instrumentos con los que quienes nos dedicamos a cuidar tenemos que trabajar, con el amor hacia la persona enferma y con el conocimiento cuanto más amplio mejor de su enfermedad.

Tenemos que lograr conseguir que su familia acepte dicha enfermedad porque es muy importante para lograr que participen plenamente en su tratamiento, aunque sólo sea paliativo ya que actualmente no existe cura. Mi experiencia después de muchos años dedicados al cuidar me ha enseñado que si se acepta la enfermedad y se participa plenamente en los cuidados, la evolución de la persona afectada es completamente distinta incluso cuando llega la muerte, porque entonces hay fe y esperanza (aunque sólo sea de tener a la persona enferma un día más a su lado), entonces existe paz interior y exterior y paciencia. Porque cuando hay fe, esperanza, paz y paciencia entre el enfermo, su familia y la cuidadora o cuidador hay equilibrio, comunicación y alegría siendo la comprensión, armonía y felicidad la mejor terapia y aprendizaje.

Cuidar no es sólo cubrir las necesidades básicas más elementales sino también mantener el equilibrio psicológico del enfermo y su familia, es dar afecto cuando nos damos cuenta que se busca esto sobre cualquier otra necesidad o consideración.

Cuidar es enseñar nuevamente a jugar, aunque sea al “corre que te pillo”, es ayudar y dar confianza, es proporcionar afecto y comunicación, es transmitir sentimientos, es en definitiva, ser realista con enfermedad existente y darnos cuenta de que la persona enferma jamás es culpable de lo que le ocurre aunque se comporte de la forma más extraña que nos pueda parecer ya que la única culpable es la propia enfermedad.

Nuestro trabajo con enfermeros/as es sobre todo y lejos de teorizaciones creer en lo que hacemos y que lo que hacemos lo realizamos con sentimiento, con cariño, con amor a nuestra profesión y lo más importante es creérnoslo para poder realizarlo adecuadamente.

Un fuerte abrazo y todo mi cariño y apoyo tanto a todas las personas con algún tipo de demencia del mundo como a sus familiares y cuidadores.


ASOCIACIONES

Asociación Nacional del Alzheimer. Afal Contigo. www.afal.es
Fundación Alzheimer España. www.fundacionalzheimeresp.org

PUBLICACIONES

 
Portada de uno de los libros del autor de este artículo 

“Alzheimer, cuidando con ternura”. Juan Santiago Martín Duarte. Editorial GrupoBúho.

“Comunicación eficaz en la enfermedad de Alzheimer”. Varios Autores. AFALcontigo.

“Los cuidados informales a un enfermo de Alzheimer”. Varios Autores. AFALcontigo.

En la web de la Obra Social de Caja Madrid pueden descargarse gratuitamente en pdf algunas de estas publicaciones y otros libros sobre la enfermedad. ACCEDER

 

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